¿Cómo definirías la Felicidad?

¿Es un estado? ¿Una sensación? ¿Una idea?  Es difícil definirla, y más difícil aún, alcanzarla. Lo que seguramente sentís (igual que yo), es que ser feliz se ha transformado en una especie de obligación, un mandato social, un objetivo trascendente al que aspiramos constantemente.

A pesar de sentir esta presión, muchas personas consideran que su vida está vacía, que malgastan sus días sin conseguir siquiera acercarse a aquello que se impone como un deber: ser feliz.

Quizá es hora de revisar algunos preconceptos. Quizá el problema esté mal planteado desde el inicio.

Las ideas abstractas, las palabras complejas son bellas, promueven la reflexión, pero también resultan asfixiantes, encorsetan nuestras acciones, nos ubican detrás de ideas pretenciosas e inalcanzables. Corremos detrás de objetivos lejanos a nuestra propia cotidianeidad.

Es como si hubiera un modo más validado de ser feliz, un marketing de la felicidad, una lista de cosas o tips a seguir para alcanzarla.

Tarea imposible. La realidad, los hechos, nuestras conductas, nunca van a coincidir con esos parámetros, no al menos sin perder gran parte de nuestra condición humana, tan circunstancial, tan voluble y accidentada. Por ese camino sólo obtendremos cansancio y frustración. Condicionamiento y falta de libertad.

Cambiemos el enfoque de la pregunta, humanicémosla, bajemos el concepto a lo cotidiano. Volvámoslo inmanente, más cercano y accesible

¿Qué cosas en la vida te causan disfrute? ¿Qué experiencias te provocan una agradable sensación de bienestar?

Volvamos a la experiencia, al fluir de las vivencias, a la belleza del instante. Trabajemos sobre aquellas características que nos permiten obtener bienestar, nuestras fortalezas del carácter, nuestra capacidad de fluir. Deshagámonos de condicionamientos.

Este blog se tratará de ésto, de encontrar juntos un camino de bienestar ligado a la experiencia, centrándonos en lo que nos hace bien, desligándonos (al menos un poco) de lo que se espera de nosotros, de nuestro pasado, de nuestro ansioso futuro, planificando experiencias óptimas. En definitiva, se trata de fluir.